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martes, 4 de junio de 2013

M'appari (Martha) - Friedrich von Flotow

Martha es una ópera cómico-romántica en cuatro actos, compuesta por Friedrich von Flotow, con libreto de Wilhelm Friedrich, basado en el ballet de Vernoy de Saint-Georges, llamado Harriet, ou le servante de Greenwiche. Su nombre completo es Martha oder Markt zu Richmond. Se estrenó por primera vez en el Theater an der Wien, en Viena, el 25 de noviembre de 1847. Se trata de la única obra de éxito que ha sobrevivido del autor. Fué una ópera que gozó de notable popularidad desde su inicio y a todo lo largo del siglo XIX, pero conforme se fué adentrando en el siglo XX, fue cayendo paulatinamente en desuso. Aún así, existe un fragmento que sigue manteniéndose en el repertorio de los tenores ligeros; nos referimos a este aria que hoy presentamos.

Friedrich von Flotow, autor olvidado por el paso del tiempo, aunque llegó a ser bastante conocido en su época, fama que se
extendió hasta mediados del siglo XX. Su obra conjuga el lirismo italiano con la comicidad francesa. Algunos expertos han tildado a su estilo de ser un mero recopilatorio de una serie de melódicas y pegadizas arias.


En 1847, momento en el que su fama comienza a extenderse, estrena la ópera Martha en Viena, contando con un éxito casi inmediato, pero, de nuevo se ve atrapado en el estallido revolucionario de París en 1848 y tiene que volver a huir a su tierra natal. A partir de entonces su vida transcurrió entre Francia y Alemania, país donde murió en 1883 en la ciudad de Darmstadt.

Aunque compuso música instrumental, canciones y otras piezas, su producción principal se compone de óperas, de las que compuso un total de 19, la mayor parte de ellas desaparecidas. La única obra por la que se le recuerda es Martha, en particular por este aria que nos ocupa.


Esta famosa escena que tratamos pertenece al tercer acto, en concreto el número 19 de la ópera. Una vez que Lyonel ha visto a Martha en el bosque con la partida de caza y ella lo ha rechazado. Lyonel se desespera por lo sucedido y se lamenta profundamente. Lyonel se encuentra pálido y traspuesto y canta:


M'appari tutt'amor Il mio sguaro l'incontro Della si che il mio cor Ansioso a le volo Mi fer, M'invaghi
Quella angelica beltá Sculta in cor dall'amor
 Canceliarsi non potra. Il pensier de poler
Palpitar con lei d'amor Puo sopir il martir
Che m'affana e strazia il cor
Marta, Marta, tu spparisti, E il mio cor col tuo n'ando;
 Tu la pace mi rapisti, Di dolore io moriró.
Flor hermosa, morirás de amor sobre mi corazón amante, y yo te colocaré bajo el trémulo césped
Adonde estoy?... Cerca de ella... Ya la oigo!.. Mi destino, mi vida le pertenece... Y veo brillar su rostro risueño que convierte la tierra en paraíso. Se apareció a mis ojos tan hermosa, que mi corazón no pudo resistirse a sus encantos y se grabó en él su imagen de tal manera, que nada podrá borrarla... Sólamente la idea de lograr su cariño podrá hacerme soportable esta inquietud que despedaza mi pecho. Marta, Marta... Tú despreciaste, y te llevaste contigo mi corazón... Tú me robaste la tranquilidad y por ti moriré de pena.



A continuación podemos apreciar distintas versiones de este bello aria en la que se distinguen variedad de diferencias.


En primer lugar podéis escuchar una de mis versiones favoritas interpretada por el gran Roberto Alagna. Destaca la pasión con la que encara el final de la pieza.



A continuación tenéis la versión en alemán interpretada por el gran Alfredo Kraus. Posee el encanto propio del alemán cantado. 



Interpretación histórica de Enrico Caruso (1925). Sonido muy pobre.  Se puede apreciar el concepto arcaico de la orquesta como mero acompañante del canto. Interpretación excesivamente afectada.




Y para terminar tenemos la pieza interpretada por Luciano Pavarotti. Algo rápida, un tanto espectacular, pero quizás algo fría para mi gusto.

sábado, 9 de marzo de 2013

Sarabanda, suite en Re menor - Georg Friedrich Haendel

La familia del compositor alemán Georg Friedrich Haendel (1685 - 1759) no contaba con ninguna tradición musical. Es más, su padre se ganaba la vida cortando el pelo y arreglando barbas, oficio que combinaba hábilmente con la práctica de la cirugía, cuando, según las costumbres de la época, era requerida su ciencia.
Sin embargo, ello no impidió al barbero-cirujano observar tempranamente las manifestaciones del talento de su hijo, quien, a los 17 años, se convirtió en el organista de Halle, su ciudad natal, luego que el organista Zachow le transmitiera todo lo que sabía en las únicas clases a las que asistió en su vida.

Contrariamente a la conducta habitual de la época, George Friedrich Haendel no fue un músico que dependiera económicamente de un príncipe o de una alta jerarquía eclesiástica. Por el contrario, a lo largo de su existencia mantuvo un completo dominio sobre su quehacer artístico, organizando sus propias actividades musicales. Fue un emprendedor del siglo XVIII, un empresario de la música, si bien nunca rechazó el apoyo --con mesadas que a veces hubo que negociar-- de los monarcas que frecuentó. Después de hacerse un nombre en Roma, Nápoles y Hannover, viajó a Inglaterra, donde se radicó, participando en tres sociedades musicales, ora como director musical, o accionista, o derechamente como único socio y director, dedicado a la composición y representación de óperas y oratorios, destacándose entre estos últimos, El Mesías, su obra maestra.
Cosechó éxitos y fracasos, más de los últimos que de los primeros, y aún así, forjó una vida de provechoso buen pasar, al punto que Bach intentó conocerlo, varias veces, para que le contara cómo se hacía.

George Friedrich no se casó nunca, aunque tuvo la oportunidad de hacerlo cuando tenía 18 años. El anciano Buxtehude dejaba su cargo de organista en Hamburgo y decidió que su sucesor debía también hacerse cargo de su hija, ya harto mayorcita, desposándola. Haendel rechazó el ofrecimiento.
Sus últimos años los vivió ciego, al igual que Bach. Ambos fueron atendidos por eminencias médicas inglesas. Al parecer, faltaba algún tiempo para que los barberos-cirujanos dominaran el capítulo del ojo.


El clavicembalo, también llamado clave, fue un instrumento privilegiado en la época de Haendel, junto a otros instrumentos afines, como por ejemplo, el virginal o el clavicordio. Se lo consideraba el más idóneo para la enseñanza por sus posibilidades técnicas y porque, como instrumento solista, no requería de nadie más para su práctica. Haendel, atento a las necesidades de este mercado embrionario, escribió muchas piezas para el estudio del clave, las que fueron publicadas en dos ediciones bajo el título de "suites". La pieza que escuchamos, en versión orquestal, corresponde a la suite en re menor, su cuarto movimiento, sarabande, utilizada de manera prominente por Stanley Kubrik en su film "Barry Lyndon". El video está construido con imágenes de la película.